Por José Raúl Ramírez Valencia
«Cada uno es hijo de sus obras, le dijo el caballero de la Mancha a Andrés. -Es verdad- respondió Andrés- pero, mi Señor, ¿de qué obras es hijo, si me niega mi sueldo, mi sudor y mi trabajo?» Este diálogo pertenece al capítulo IV de la célebre novela El Quijote de la Mancha, donde el ingenioso hidalgo se cruza en el camino con un campesino que tiene amarrado a un joven llamado Andrés a un poste castigándolo sin piedad. A cada azote que lacera su cuerpo, el campesino lo aconseja: «hable menos y cuide más». El problema era que todos los días al campesino de nombre Juan Haldudo, además rico y vecino del Quintanar, le faltaba una oveja por descuido de Andrés. Al presenciar esta escena, el caballero de la armadura pesada ordena a Haldudo que cese el castigo.