Por José Raúl Ramírez Valencia.
Tanto quien obedece conscientemente como quien no obedece tiene razones para actuar. El que no obedece no es que sea un desobediente malcriado o un empedernido antisocial, sino alguien con suficientes argumentos para no obedecer. A veces se pregunta uno, ¿dónde está realmente el capricho, en las instituciones: -educativa, religiosas o estatales- que exigen obediencia a normas triviales y autoritarias, o en las personas que, con criterio deciden no obedecer? En este aspecto conocer el contexto de la norma es fundamental, hay leyes que liberan y normas leguleyas que esclavizan.
Hay muchos desobedientes, pocos
obedientes conscientes y algunos no obedientes. El pensador de Otra parte,
Fernado Gonzalez Ochoa, escribió una tesis titulada: El derecho a no obedecer,
en la que sostiene que el individuo debe pensar por sí mismo y romper con la obediencia
mecánica a aquello que se presenta como incuestionable. La no obediencia no consiste
en hacer lo que me venga en gana, sino en no entregar mi conciencia, conservar la
capacidad de pensar por mí mismo, y sobre todo hacerlo con criterio ético. Por
su parte en la obediencia consciente, la persona reconoce una autoridad,
comprende aquello que se le pide, y después de discernir hace suyo el acto de
obedecer.
Necesitamos sabiduría para no
obedecer ciegamente. El saber obedecer y saber no obedecer exige una auténtica
libertad nacida de una profunda espiritualidad. Hay no obediencias que liberan
al hombre de cargas y normas que lo aprisionan y hay obediencias ciegas que
esclavizan a las personas. El dicho: “el que obedece no se equivoca” merece ser
pensado con mayor hondura ética. Quien obedece como quien no obedece es alguien
que escucha y discierne con sabiduría. Paradójico, en esta sociedad
libertina, que presume de libertad, cada día resulta más difícil saber no obedecer,
dado que como marionetas sin voluntad propia terminamos sometidos a lo que dictan
las masas. La virtud no está solo en obedecer,
sino en obedecer con criterio. La sociedad actual nos pide hacer una cantidad
de cosas sin pensarlas, sin pasarlas por el yo reflexivo. La mayoría de las
redes sociales y tendencias actuales terminan imponiéndonos qué pensar, qué desear
y cómo actuar. Muchos de los santos fueron personas que supieron no obedecer o obedecieron con consciencia, por
ejemplo, los mártires que prefirieron morir antes que obedecer a los caprichos
de los tiranos, obedecieron a Dios.
Corría el año 1955 en la ciudad de
Montgomery, Alabama. La vida transcurría con una calma engañosa. La convivencia
entre blancos y negros parecía normal. Sin embargo,
esa normalidad escondía una evidente injusticia. La discriminación racial
estaba institucionalizada, especialmente en el sistema de transporte público. Las
personas afroamericanas debían pagar su pasaje al conductor, descender del
autobús y subir por la puerta trasera. Como si esto no fuera suficiente, los
asientos delanteros estaban reservados para los ciudadanos
blancos, mientras que los afroamericanos eran relegados a los traseros. Además,
si los asientos intermedios eran ocupados por personas de color y subía un
pasajero blanco, los afros tenían la obligación de levantarse y ceder el puesto en cumplimiento de las normas raciales.
Hay decisiones
no obedientes que crean nuevas realidades. Rosa Parks, una mujer afroamericana,
de 42 años, cansada de la discriminación, se subió a un autobús, pagó su
tiquete y tomó asiento en la zona intermedia. Al poco tiempo, un joven blanco
abordó el vehículo y el conductor pidió a Rosa que cediera su lugar. Con
firmeza y determinación, ella se negó pese a la legislación. Ante la negativa,
el conductor pidió la intervención de la policía. Al ser interrogada sobre las
razones de su comportamiento, Parks expresó su inconformidad con la opresión con el sistema: «Mientras más obedecemos, peor nos tratan». La
policía en conformidad con la ley procedió al arresto. Este hecho suscitó una
respuesta colectiva por parte de la población afroamericana, liderada por
Martin Luther King, decidieron no utilizar el transporte público de la ciudad. Las protestas se prolongaron durante un largo tiempo ocasionando una crisis económica en el sistema de transporte. Muchos afroamericanos caminaban diariamente
largas distancias y al preguntarles cómo se sentían, respondían: “con los pies
cansados, pero con el alma libre”. Tras la presión social y la
crisis económica generada por esta situación finalmente modificaron las leyes raciales, permitiendo que cualquiera de las personas afroamericanas pudiera ocupar
cualquier asiento del autobús sin ninguna discriminación racial. Fue una mujer valiente
y pensante por sí misma quien supo leer la injusticia donde otros solo veían
una norma vigente para cumplir.
La verdadera libertad no consiste
en obedecer siempre, tampoco en desobedecer, sino en tener la conciencia y el
criterio ético para saber leer cuando una obediencia ciega atenta contra la
dignidad humana y cuando una obediencia consciente nos perfecciona y humaniza la convivencia social. El sabio y el santo no son los más obedientes según
los cánones de la normalidad, sino aquellos que han ahondado en la conciencia y
se han atrevido con determinación a cuestionar con gestos y palabras las leyes
caprichosas provenientes de autoritarismos institucionales, empresariales,
educativos o religiosos que oscurecen lo auténticamente humano y comunitario, como también son aquellos que han descubierto en la obediencia la bondad y la recta intención de la autoridad.
POSDATA: Necesitamos cada día menos
desobedientes y más no obedientes que hagan de la obediencia una auténtica
virtud.
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