Por José Raúl Ramírez Valencia.
Tanto quien obedece conscientemente como quien no obedece tiene razones para actuar. El que no obedece no es que sea un desobediente malcriado o un empedernido antisocial, sino alguien con suficientes argumentos para no obedecer. A veces se pregunta uno, ¿dónde está realmente el capricho, en las instituciones: -educativa, religiosas o estatales- que exigen obediencia a normas triviales y autoritarias, o en las personas que, con criterio deciden no obedecer? En este aspecto conocer el contexto de la norma es fundamental, hay leyes que liberan y normas leguleyas que esclavizan.