Por José Raúl Ramírez Valencia.
“¿Cómo perpetuar nuestro nombre, si dudamos de perpetuar nuestra alma?” Esta fue una de las inquietudes filosóficas de Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca. A Unamuno le preocupaba la vida después de la muerte. Se preguntaba si, al morir, seguiría siendo el mismo o si la muerte lo disolvería en el olvido absoluto. Ante la falta de sosiego que le provocaban las dudas sobre el más allá, buscó perpetuarse en el más acá, a través de sus obras filosóficas y literarias. A este anhelo de trascendencia terrenal lo llamó: Erostratismo.